La huída de Calo. Parte02

El: 29 septiembre, 2009
En: Cuentos, De Marte de Quien
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Cap.02. La cueva.

Mis piernas casi no tienen fuerza. Mis manos tampoco. El cuchillo me pesa demasiado. Me cuesta respirar. Tengo sed, frio y miedo. Por lo claro que se ve el cielo, creo que va a amanecer. La noche no me cubrirá más y si me quedo sin techo, el sol me puede quemar y sobretodo, descubrir. El frio en este momento es muy duro. Casi no tengo fuerzas, he caminado toda la madrugada y no sé a dónde voy. Ni siquiera sé muy bien de quién huyo. Sé que me siguen, pero no sé precisamente quienes son. Anoche saquearon y destruyeron sin compasión a cada miembro de ese pequeño pueblo. Me siento culpable. Siguen buscando al asesino de Javo. Algo así escuché cuando me escondí debajo de la mesa. Interrogaban a los que encontraban y gritaban ¿Quién mató a Javo? dime ¿Quién lo mató, dónde lo esconden? Luego los degollaban. Nadie me conocía en ese pueblo. Estoy seguro que ni siquiera saben que hubo un asesinato en el pueblo de al lado. Y si supieran que hubo uno, no creo que piensen que el asesino es un niño. Y si creyeran que es un niño, no creo que piensen que fuese yo. En fin, no tuve otra opción. Fue matar o morir. Y esta vez le tocó a él.

Hicieron lo mismo que en el pueblo anterior. Violaron a mujeres antes de matarlas y mataron a los niños para que no lloren más. El ambiente se calmó luego de un largo tiempo de llantos y gritos desesperados. Yo trataba de contener el llanto, sentí el miedo más grande de mi vida. Sentía culpa, odio, temor, impotencia. Esta gente no es humana, está maldita, poseída por algo que no tiene alma. Qué se yo.

Solo sé que no merecen estar vivos, deberían ser arrastrados al infierno de los pies. Aunque creo que más castigo sería que se den cuenta del dolor que han causado o al menos que le teman a algo.

Debo encontrar un lugar dónde esconderme. Un escondite permanente. Tarde o temprano irán al siguiente pueblo y pueden pasar por aquí. Por momentos creo que lo mejor sería morir para no tener que huir más. No lo sé. Solo sé que no tengo más fuerza en mis pies, estoy cansado solo quiero dormir. No puedo seguir más.

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– Al fin despertaste pequeño. ¿Qué te ha pasado, por qué estás tan sucio, ensangrentado, de dónde vienes? ¿Quieres un poco de pan?

Un hombre con rostro arrugado como una hoja seca me ofrece comida. No creo que sea alguno de los que me persiguen, no podría serlo, este viejo parece tener algo de bondad en su huesudo cuerpo. ¿Pero qué hago aquí? No me importa, tengo hambre.

– Toma, es un pan un poco duro, pero es lo único que tengo aquí. Disculpa, no me he presentado. Me llamo Ibrahim. Bueno, te encontré tirado en medio del desierto cuando salí a recoger madera para la cocina. Parecías muerto pequeño.

Este es el primer bocado que pruebo en días. Hasta había olvidado lo que era comer.

-Señor, Tengo sed.

– Mira tú, tenías voz, jeje.. Claro, discúlpame, toma aquí hay un poco de agua.

Al escuchar su voz esta vez, siento como se forma un nudo en mi garganta. Mis ojos empiezan a empañarse. Quiero llorar. Había dejado de creer que alguien podía tener bondad en este mundo. Me ofrece el vaso con agua pero no siento tener las fuerzas para tomarlo.

– Tranquilo, no sé ni entiendo qué hacías por ahí en el desierto, pero ya estás a salvo. Bueno, igual me tienes que contar qué te ha pasado. Bebe, bebe, aquí hay más si quieres. Mmmm… bueno, esta es mi covacha, es humilde pero es todo lo que tengo. Y realmente no preciso de más. Si, es un poco oscura, pero es parte de su encanto. ¿Quieres más agua?

Solo puedo decir que si con la cabeza. El nudo en mi garganta no me deja hablar más. Cada vez mis ojos se llenan más de lágrimas.

– Tranquilo, ¿Quieres comer más? parece que te gustó este pan frio.

Lloro, solo lloro con un llanto que no puedo contener. Debo sacar todo este dolor, el miedo, el temor, todo. Gracias a Dios estoy aquí, espero que no me encuentren aquí, no puedo hablar, no puedo parar este llanto, es que tanto miedo, tanto miedo, tanto miedo…

-Tranquilo pequeño, tranquilo, cálmate…toma un poco de agua y descansa.

Extrañamente no puedo dejar de llorar, pero su voz me tranquiliza. Me hace acordar a mi abuelo.

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One Response to La huída de Calo. Parte02

  1. Luigi Battistolo dice:

    LA continuacion, si es tan amable, joven…

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