El Escapista – parte o1

El: 29 septiembre, 2009
En: Cuentos, De Marte de Quien
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1. Cae

A los 27 años, Caetano había vivido más de lo que habría querido, y más de lo que hubiese podido soñar o leer en una de las tantas novelas que guarda en su desordenado armario, junto a sus fotos y cartas. Nació en Noviembre, un lunes 23 del ochenta y uno. Papá y mamá, fueron tan felices con su llegada al mundo que incluso olvidaron sus problemas maritales, eso se dio hasta aquella tarde de Octubre del ochenta tres en la que una fuerte discusión hizo que Don Julio Larroque terminara en la clínica con 7 puntos en la frente, producto de una «jarra voladora» impulsada por una «fuerza sobrenatural» llamara Rita Cádiz, quien es hasta la actualidad la madre de Cae, como todos lo llaman en su barrio. Y así transcurrió el tiempo, pasando de una casa a otra. Entre su madre y su abuela (a quien llamaba mamá), como la víctima de una relación que vio un pronto fracaso.

Esto para él nunca fue un problema, Tenía 2 mamás, una que era amante de los gritos y los platillos voladores y otra que era toda dulzura, que lo engreía comprándole ceviches en el mercado y lo hacía sentir feliz con su voz. Su padre, el mejor papá del mundo como le suele decir él, viajó a la capital para buscar un empleo con el cual costear los estudios de Cae. Fue así como creció casi sin verlo, aunque cada semana escuchándolo por «la ceremonial llamada de papá» como solía llamarlo de niño. Cae siempre hizo caso a sus consejos por esa forma tan peculiar de entender y solucionar la vida.

2. Cae y Lu

Cae creció y conoció ese bien no material llamado amor. Fue una tarde de verano, en febrero. Ella cruzaba la calle luego de comprar un helado, rumbo a su casa. Él, que se dirigía a la tienda, se detuvo en medio de la pista a observar a ese pequeño ángel de ojos caramelo que sonreía y parecía hacer iluminar aún más al atardecer. Despertó al escuchar la bocina de un coche que pasaba a toda marcha y que casi lo atropella. Y tras su un sutil ¿Estás bien?  Él sonrió sin pronunciar palabra, iniciando así un tierno cuento infantil de amor. 

Lucía vivía frente a la tienda en la que él siempre iba a comprar, a dos cuadras de la pequeña casa de Doña Rosa, la bella abuela de Cae. Él siempre iba a comprar, porque no quería que su mamá se cansara y porque cada vez que lo hacía, tenía la esperanza de volverse a cruzar con Lu, y ver «el sol aparecer por sus ojos» como escribió en un intento de poema a los 11 años, luego de ese primer encuentro. Ella era una niña sumamente graciosa. De cabello rizado, ojos caramelo y piel bronceada, poseía una sonrisa tan dulce, que podía calmar a cualquiera. Era imposible no sonreír al verla pasar, tan despreocupada por las cosas, tan feliz. Era por eso que Cae vivía, moría y soñaba despierto con ella.

Escribía mil cosas en un pequeño cuaderno: «For you Lu» era el título de esta pequeña obra de la literatura moderna, que en la carátula tenía un dibujo a lápiz de la calle donde fue su primer encuentro, junto a una frase en inglés: «Because you’re sweet and lovely girl I love you». El título del cuaderno y esas palabras fueron puestas en homenaje a una canción de The Beatles: «For You Blue», del Let It Be, un muy buen tema por cierto, que representaba según aquel pequeño Cae,  Todo lo que le podrías decir a la chica que amas.

Y fue así, como entre canciones de los viejos discos de su papá, Cae le escribía mil cartas y pensamientos a Lu, sin haber cruzado más de algunas palabras y muchas miradas con ella.

Una tarde, un fuerte golpe en la puerta hizo despertar a Cae, que tomaba su siesta post colegio. Fue notable la sorpresa cuando al abrir vio a la pequeña Lucía empapada en llanto. ¿Me puedes ayudar Cae? le dijo en medio de un sollozo que no parecía terminar. El asintió con la cabeza y la hizo entrar. Sus padres habían decidido divorciarse. Ella no sabía qué hacer. Había escuchado una fuerte discusión de sus padres mientras que almorzaba. La riña fue creciendo progresivamente, como cualquier guerra, empezó en una pequeña confrontación de ideas para terminar lanzándose misiles de alto calibre. Lo único que atinó a hacer, fue salir a comentarlo con alguien y en el primero que pensó fue en Cae. Bueno, en realidad ella no tenía amigos ni amigas de su colegio que vivieran cerca, y él era lo más cercano a lo que necesitaba, pero eso nunca se lo dijo, ni él lo quiso pensar en ningún momento.

Lo único que atinó a hacer Cae fue a abrazarla y decirle que el mundo no se acababa, que vea las cosas con otros ojos, Mírame a mí, soy feliz y vivo solo con mi mamá, bueno. Mi papá llama siempre, la señora de los platillos voladores casi no la veo desde que viajó a Rumania, pero mucha falta no me hace y el encontrarme contigo en la tienda también me ayuda a sonreír, el mundo no se acaba con un divorcio. Bueno, eso es lo que dice mi mamá. Creo que lo importante es que tus papás no pueden ser infelices, no pueden vivir peleándose, porque podrían odiarse y eso no sería bueno.

Ella solo atinó a abrazarlo y a llorar hasta que se quedó dormida en sus brazos. Al despertar vio que él también se había quedado dormido en sus brazos, pero que a pesar de eso no había dejado de acariciar su cabello. Ella sintió que desde ese momento nunca más estaría sola y se sintió mejor. Esa tarde algo nació entre los dos.

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