El Escapista – parte o2

El: 19 octubre, 2009
En: Cuentos, De Marte de Quien
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3. Let’s All Make Believe

Cuando Cae y Lu tenían 15 años, algo nuevo y distinto empezó a surgir en ellos. Desde el día en el que se conocieron no fueron los típicos mejores amigos, aunque buena parte del pueblo lo creía así, había algo más detrás de sus miradas.

Cae protegía de una forma casi suicida a Lu cuando algo la ponía en peligro. En una ocasión terminó golpeado y por poco queda inconsciente al salvarla de un grupo de ladronzuelos que intentaban robarle. Fueron 3 muchachos, mayores que ambos, que  forcejeaban intentando quitarle el bolso. Cae, que caminaba de regreso del mercado, soltó la cesta de la comida y fue directo con el más grande, si este cae primero, los otros dos se irán más rápido pensó. Su movimiento fue rápido y efectivo, saltó por detrás del gigante y con una piedra que había tomado del camino le dio en la sien. El líder cayó como un saco de papas. Los otros dos, quedaron sorprendidos, al ver caer a El Enano Gonzales pensaron lo peor. Está muerto, está muerto gritaron. Y en lugar de huir despavoridos como había pensado Cae, se abalanzaron hacia él con el objetivo de matarlo. Maldito, has matado a nuestro amigo, te voy a despellajar, gritaba Juan ‘el Pequeño Quid’  mientras que corría y perseguía a Cae junto a Kike. Cae había avanzado un buen tramo, corría lejos de ellos de la mano de Lu, mientras respondía gritando ¡Se dice Despellejar no despellajar, pedazo de animal!.

El real problema se dio cuando cruzaron el pequeño rio que atravesaba el pueblo y al finalizar el puente se encontraron con otro amigo de la pandilla V: Lulo, que vio la imagen de sus dos compañeros persiguiendo a un pequeño flaco y a una niña bonita. Lo que hizo fue muy sencillo, cogió una piedra y se la aventó al pie de Cae, el que perdió el ritmo y solo atino a decirle a Lu que corra. Luego, entre los tres casi destrozaron la humanidad de Cae. Lu solo corría llorando en busca de ayuda. Todo se detuvo cuando Lu consiguió ayuda del oficial Gutiérrez, que los espantó con un balazo al aire. Los tres desaparecieron de golpe y fueron a buscar al Enano Gonzales. Cae estuvo en cama más de una semana, con dos costillas rotas, y de milagro no tuvo ninguna conmoción cerebral. El médico dijo que había sido un milagro que solo hayan sido 2 costillas las rotas y una infinidad de moretones en todo el cuerpo. La niña de los ojos caramelo, cuidó a Cae como la mejor enfermera. Compresas de agua fría cuando iniciaban la fiebre, preparaba sopas, purés y suministraba de los calmantes y demás pastillas recetadas en cada horario. A veces, la abuela Rosa sonreía cuando la encontraba dormida al lado de la cama donde dormía Cae, sobre todo en los primeros días de recuperación.

Definitivamente entre ambos había algo sumamente especial. Cae, amaba en silencio y con locura a la pequeña y graciosa Lu. Le escribía diariamente poemas y cada cierto tiempo un cuento. «For you Lu» ya tenía cuatro tomos, llenos cada vez de mejores escritos. A veces, en días en los que a Lu le venía la nostalgia por su papá, que también había emigrado del pueblo, Cae le prestaba uno de sus cuadernos. Tenía uno especial para esas ocasiones: Let it be. Ahí había puesto cada palabra que intuía que podría sacarle al menos una sonrisa a Lu. El iba a su casa y tras aventar una piedrecita a la ventana de su cuarto en el segundo piso, le decía Lu, tengo algo nuevo en el Let, baja que te lo muestro, ella emocionada y sin saber precisamente que cada letra era suyo bajaba y leía. Con el tiempo los poemas eran mejores, y cuando Cae aprendió a tocar guitarra, fueron canciones. La primera que le tocó en uno de esos días grises fue un tema que inimaginablemente no era de The Beatles. Fue una canción de Charly García: De mi.

Lo gracioso fue que Cae no había sacado bien la canción y fue una versión sumamente sui generis del tema, se equivocó en casi todas las notas, pero a Lu le fascinó, sobre todo por la frase que vino tras canción, que era parte de la letra obviamente: Ya sabes Lu, cuando estés mal y cuando estés sola, no te olvides de mi porque sé que te puedo estimular… o al menos mostrarte una fea versión de un gran tema, tras un par de sonrisas ella lo besó.

Cae no sabía qué hacer. se sintió en el cielo por un segundo que le pareció un par de eternidades. La miró a los ojos sonrió y dijo: Epa, parece que ser músico trae sus frutos eh!, luego la abrazó. ¿A tu lado el mundo se torna dorado sabes? No existe lugar mejor donde pueda estar que aquí, solo espero que cuando estoy aqui tu te sientas tan bien como yo, o al menos un poco, porque si llegas a sentir un poco de la paz que siento junto a ti, creo que mi objetivo al venir está cumplido. Ella lo volvió a besar y con eso respondió a su pregunta.

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One Response to El Escapista – parte o2

  1. thika dice:

    Que historia mas interesante y bonita a la ves, me encanta como escribes.

    un beso.

    conocida.

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